En el año 1932, la chispa de una idea luminosa encendió la mente de Luis Ángel Arango, directivo visionario del Banco de la República. Al observar la profunda devoción de los mineros que, antes de comenzar su jornada, adornaban los oscuros socavones con imágenes de la Virgen buscando su protección, decidió que merecía un espacio sagrado, un refugio bajo tierra: una capilla subterránea.
La responsabilidad de llevar a cabo esta ambiciosa construcción recayó en el talentoso arquitecto José María González, quien, impulsado por el apoyo del presidente Laureano Gómez, dio inicio a la obra el 7 de octubre de 1950. Tras años de esfuerzo, el 15 de agosto de 1954, la majestuosa Catedral abrió sus puertas, un verdadero hito para la comunidad. En los años 70 gracias a la visión a futuro y a la identidad Zipaquireña que ha caracterizado a los miembro de la Fundación Nacional Zipaquirá FUNZIPA, se realiza la gestión pertinente para iniciar el proceso de comercialización de Catedral de Sal como atractivo turístico a nivel Nacional e internacional
La mina que albergaba esta maravilla constaba de cuatro niveles de explotación, cada uno de 80 metros de extensión, con la antigua catedral ocupando el segundo nivel. Con unas dimensiones de 120 metros de largo, 5,500 metros cuadrados de superficie y 22 metros de altura, el interior de la catedral se sostenía con seis columnas robustas, cada una con una base de 80 metros cuadrados, ofreciendo espacio suficiente para recibir hasta 8,000 visitantes.
Al fondo de este espectacular santuario, una majestuosa cruz de madera se erguía, iluminada desde su base para proyectar la sombra de Cristo con los brazos abiertos, un símbolo conmovedor que tocaba el corazón de cada visitante. La nave derecha albergaba el coro y las estaciones del Viacrucis, elegantemente decoradas con dorados números romanos, culminando en la capilla de la Virgen del Rosario de Guasa, donde se veneraba una hermosa imagen esculpida en roca por Daniel Rodríguez Moreno, con una altura de 70 cm, que posteriormente sería trasladada a la Nueva Catedral.
En la nave izquierda, conocida como "El Nacimiento", una gruta evocaba el momento sagrado del nacimiento de Jesús en Belén. Este mágico espacio conducía al Bautisterio, representado por una cascada que simbolizaba el bautismo de Jesucristo en el Río Jordán.
La Catedral, con su impresionante arquitectura, fascinaba a cada visitante, envolviéndolo en un juego de luces que creaban una atmósfera mágica, donde símbolos vibrantes danzaban en paredes y cielorrasos. Sin embargo, en septiembre de 1992, la gloria de esta antigua catedral se vio truncada cuando fue cerrada debido a preocupantes fallas estructurales, marcando el fin de una era de fe y asombro y dando paso a la nueva Catedral.